lunes, 4 de enero de 2010

Relato corto



Que sensación al sentir sus ojos desnudando mi cuerpo, rozándome sin tocarme, sin poner un solo dedo sobre mi piel, que mirada tan intensa, que me ruboriza las mejillas, me arden los ojos.

Miradas así deberían estar prohibidas en público.

Hace diez minutos ha llegado en su coche, cual caballero en su corcel, ha entrado en el local y al descubrirme junto a la barra, me ha devorado con sus ojos, durante unos minutos interminables.

Se acerca, camina hacia donde estoy, sigo inmóvil cada uno de sus movimientos que le conducen hacia mi. Seguimos mirándonos sin apartar la mirada, a un metro de distancia, se detiene, agarra un taburete y me lo cede amablemente para que me siente junto a él.

_ Hola Lulú_ me saluda con una sonrisa, mi cara se ilumina, me da la risa tonta y le saludo.

No entiendo porque se obstina en llamarme por ese nombre, pero lo hace cariñosamente.

Pedimos una copa y nuestros dedos se rozan por unos segundos, nos miramos, nos reimos, el
camarero aproxima su boca a su oreja y le dice:


_ Cuidado con lo que haces, que es mi hermana.


Continuará

4 comentarios:

  1. Amiga Cris, no se como se portaría la hermana del camarero, pero te diré lo que le pasó a otro señor que tambien la vió.
    Se puso frente a ella, la miró de arriba a bajo, por delante y detrás; cuando de pronto aparecíó un fotógrafo para sacar la imágen que publicas. Pero: te has dado cuenta que no aparecen los ojos, es que ya en su exploración la habian atravesado hasta más allá de su piel.
    Ahora el pobre hombre está vendiendo cupones de los ciegos por culpa de aquella imagen tan hermosa pero tambien ciega.
    Un abrazo amiga. Que los reyes te colmen de regalos.
    Jecego.

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  2. Me encanta esta entrada. me apasiona esta forma de percibir las cosas.
    enserio te pareces a la del dibujo?

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  3. jaja "hasta me parezco un poco a la chica".....eso interprete como tal.....quizas un poco sea solo en el color de los ojos.

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