lunes, 1 de junio de 2009

Erase unas cuantas veces

Erase una vez un chico tímido, que iba de atrevido, que decia lo que pensaba, sin pensar en el dolor que provocaba, con buenos sentimientos, aunque escondidos detrás de unas gafas, una mácara televisiva que le facilitaba su verborrea y locuacidad.
Un chico con ganas de quererse y de que le quisierán, de gustar y gustarse, de herir sin querer, queriendo.
Conocedor de sí mismo y de su capacidad para infringir en sus victimas, el dolor y la reflexión.
Seguro que si pensaís un poco sabreís de quién estoy hablando.